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¿La clase dominante se convierte en dirigente?

El gobierno de Macri se encuentra tempranamente en una encrucijada generada por su principal base de sustentación social: el denominado “poder económico”, la clase dominante en los términos del marxismo clásico. El cambio en la orientación de la acción estatal no alcanzó para despertar la confianza de los inversores mientras que la presencia de los CEOfuncionarios genera cada vez más reparos por la captura de la decisión pública y la proliferación de los conflictos de interés.

Son sobradas las muestras de aprobación y apoyo de parte del poder económico por el fuerte cambio de rumbo en la orientación del accionar estatal, en especial en lo que respecta al mundo de los negocios. Abundan los elogios en los medios, en los foros, en las reuniones oficiales. Este es “un gobierno que nos entiende”, dicen los grandes empresarios y dirigentes de las principales corporaciones sectoriales. Se hace referencia continuamente a un universo de sentidos compartido (“hablamos el mismo idioma”, “por fin nos sacan el pie de encima”, “volvimos al mundo”, etc.).

Sin embargo, toda esta euforia por el proyecto de Cambiemos, no viene acompañada de las inversiones necesarias para iniciar un ciclo de reactivación que saque a la economía de la zona de caída libre en la que ingresó a partir de diciembre. La estrategia gubernamental se centra principalmente en cargar las tintas sobre la “pesada herencia” que dejó el kirchnerismo, la “bomba” que estaba a punto de estallar, y no estalló, gracias al “sinceramiento” de los precios relativos que llevó adelante con éxito el “mejor equipo en los últimos 50 años”. Pero el propio Presidente tuvo que apelar en reiteradas ocasiones al compromiso de los empresarios porque “ya hicimos todo lo que querían y ahora es el momento en que se comprometan con el país”.

Desde diciembre se va corriendo la vara que delimita el “despegue”: primero era cuestión de liberar los mercados cambiario y financiero y eliminar o reducir retenciones a las exportaciones; luego era menester arreglar el conflicto con los fondos buitres; por entonces se instaló la idea del “segundo semestre”, que pronto fue reemplazada por la de esperar las bondades del “blanqueo-sinceramiento fiscal”. Hoy la expectativa está diferida a 2017, una vez que se haya legitimado el nuevo rumbo en las elecciones legislativas de mitad de término.

Hay dos temas en especial que preocupan al establishment local y extranjero: la capacidad del macrismo para legitimar las reformas estructurales que promete; y el alto déficit fiscal

Evidentemente la “confianza” de los mercados es bastante esquiva. Hay dos temas en especial que preocupan al establishment local y extranjero: la capacidad del macrismo para legitimar las reformas estructurales que promete; y el alto déficit fiscal y nivel del gasto público, que desde la mirada ortodoxa, sigue siendo exorbitante.

Para el poder económico no es suficiente con las medidas de recomposición de las utilidades empresarias que se vienen desplegando sin pausa desde diciembre (eliminación o disminución de derechos de exportación, liberación de controles en el mercado financiero, desregulación de las tasas de interés y del mercado energético, entre otras); tampoco que un tercio de los funcionarios que integran el Gabinete nacional provengan de sus propias filas. Aunque la orientación de la acción estatal y el discurso gubernamental sean proclives al mercado; aunque haya empresarios, gerentes y directivos de las corporaciones ocupando puestos claves en el Estado nacional, aún no alcanza para que los capitalistas realicen una apuesta fuerte por este proyecto.

¿Qué explica esta supuesta disociación entre el discurso y la práctica? ¿La clase dominante quiere consolidarse como clase dirigente? ¿O prefiere seguir presionando por capturar la decisión estatal para internalizar beneficios y relocalizarlos libremente en el exterior como ha hecho en otros períodos de la historia reciente?

La AEA desde Duhalde hasta Macri

Las grandes empresas del país se nuclean en la Asociación Empresaria Argentina (AEA), una corporación que se creó en mayo de 2002 en medio de la estrepitosa crisis desatada por la salida de la Convertibilidad, con el objetivo de agrupar a los grandes empresarios del país para “definir en conjunto diagnósticos y estrategias de acción política”. Es una asociación más o menos informal que surge de la ampliación del más tradicional Consejo Empresario Argentino (de activa presencia en los años 90), con la incorporación de nuevas firmas nacionales y extranjeras.

Según su propia definición institucional, los objetivos que orientan el accionar de la AEA atraviesan las dimensiones organizacionales y de coordinación de intereses de las grandes firmas que operan en el país; la acción política y la articulación con diversos actores relevantes en la toma de decisiones públicas; y la definición programática e ideológica de los grandes empresarios. Explícitamente se propone: a) promover la importancia de la actividad empresaria como motor de desarrollo de la economía; b) promover la participación activa de los empresarios en la formación y el análisis de políticas públicas; c) organizar reuniones de discusión de políticas con autoridades, funcionarios, legisladores y expertos; y d) difundir documentos de análisis y propuestas de políticas.

La relación entre la AEA y los gobiernos kirchneristas pasó, según las propias palabras de su actual Presidente, Jaime Campos, del “diálogo razonable” al “completo distanciamiento”. Esos vaivenes se explican en gran medida por dos factores: el incremento progresivo de la injerencia estatal en la economía (incluso en áreas muy sensibles para los empresarios como el reparto de las utilidades, la determinación de los costos y el uso de los inventarios) y la pérdida de injerencia empresaria en la definición de las políticas públicas.

Desde 2008 la AEA fue redefiniendo su estrategia política desde una postura centrada en la defensa acérrima de los intereses corporativos hacia otra más amplia de agregación de intereses variados

Desde 2008 la AEA fue redefiniendo su estrategia política desde una postura centrada en la defensa acérrima de los intereses corporativos hacia otra más amplia, de agregación de intereses variados, que la llevó a jugar un papel preponderante en la formación del Foro de la Convergencia Empresarial (FCE), en diciembre de 2013. En el FCE se logró articular a un conjunto de actores heterogéneos del campo económico y profesional detrás de un objetivo común: evitar la continuidad de las políticas de intervención estatal desarrolladas durante la última etapa del kirchnersimo.

La victoria de Cambiemos y el inmediato cambio en la orientación de las políticas macroeconómicas en beneficio del capital fueron recibidas con alivio y beneplácito por AEA y el FCE. A partir de entonces, la actividad pública de ambas asociaciones disminuyó notablemente y su estrategia se centró en el apoyo a las iniciativas del nuevo gobierno, básicamente alineadas con las propuestas que venían reclamando los grandes empresarios.

La experiencia demuestra la capacidad organizativa del poder económico: a pesar de la diversidad de intereses y la heterogeneidad sectorial, los principales empresarios agrupados en la AEA lograron articular el accionar corporativo de las grandes firmas, consensuar un diagnóstico y una propuesta política “superadora”, lo suficientemente general como para eludir definiciones sobre los grandes clivajes de confrontación al interior del empresariado (sectoriales, por origen de capital, por tipo de inserción en el mercado mundial, etc.) pero a su vez, lo suficientemente crítica de la experiencia kirchnerista como para tender puentes con el arco político opositor. Así los grandes empresarios lograron pasar de una estrategia defensiva ante lo que consideraba el avance indebido del Estado en la esfera de decisión de las firmas, hacia una estrategia ofensiva de articulación política con otros actores políticos y sociales.

Copar el Estado

Con la llegada de Macri a la Presidencia no sólo se comenzaron a implementar los principales postulados programáticos del poder económico articulados en la AEA y el FCE, sino que muchos de sus miembros se sumaron a los equipos de gestión en los distintos niveles de gobierno, fenómeno que por su magnitud y extensión son inéditos en la historia reciente y abren nuevos interrogantes sobre las implicancias de la reconversión de una parte de la clase dominante en clase dirigente.

En efecto, 114 de los 364 funcionarios del gabinete nacional inicial ocuparon a lo largo de sus trayectorias puestos de alta o media gerencia en el sector privado; 61 de ellos inmediatamente antes de asumir. Se encuentran diseminados por todo el organigrama del Ejecutivo Nacional, desbordando su tradicional área de incidencia: la gestión económica.grafico

Además, hay 69 funcionarios que vienen de ocupar puestos en las principales corporaciones empresarias y que han colonizado prácticamente cuatro ministerios: Agroindustria, Comunicaciones, Producción y Jefatura de Gabinete.

Esta masiva incorporación de gerentes provenientes en su mayoría de las grandes empresas que operan en el sector energético, financiero y de servicios (muchas de ellas extranjeras) y de dirigentes corporativos, confirma la impronta refundacional del nuevo gobierno: reorientación de la intervención estatal en favor del gran capital para iniciar un ciclo de confianza/inversión/crecimiento y la organización de la administración pública en base a los criterios propios del managment privado.

Más allá de estos importantes cambios el enigma sigue abierto: no sabemos aún si los empresarios podrán trasladar el dominio económico a la dirección política de la sociedad

Por otra parte, la falta de respuesta en términos de inversiones muestra a las claras los límites de la mirada gubernamental centrada en la “confianza” para pensar los determinantes de la inversión privada. ¿El gobierno está aprendiendo de golpe que con gestos y aumentos de rentabilidad no es suficiente para impulsar un ciclo de crecimiento sostenido? ¿Podrá seguir legitimando socialmente las políticas que genera una cada vez más regresiva distribución de los ingresos?  El enigma sigue abierto; no sabemos aún si los empresarios podrán trasladar el dominio económico a la dirección política de la sociedad.

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